4 leyes de la espiritualidad
En la vida, todos llegamos a un momento en el que “tocamos fondo”, quizás es el momento en el que nos sentimos desorientados, en el que no sabemos si lo que estamos haciendo nos está llevando a donde queremos llegar, o realmente aún no sabemos hacia dónde estamos yendo, pero este momento es tan importante y tan profundo, porque es ese instante en el que decidimos vernos más, trascender, ocuparnos de nuestro YO interior.
Si estás aquí, leyendo esto, no es casualidad, por ahí necesitabas leer y conocer algo de lo que voy a compartirte:
La persona que llega a tu vida siempre es la persona correcta.
Esta ley queda resumida en: nadie llega a nuestra vida por simple casualidad, y nosotros tampoco llegamos a la vida de otra persona por la misma razón.
Cada persona llega a nosotros para enseñarnos algo, para mostrarnos algo, para hacernos crecer, evolucionar y así podamos avanzar.
En cada experiencia con cada persona, siempre sembramos algo nuevo: cosas que nos hacen mejorar como personas, cosas que realmente descubrimos no queremos ser o tener en nuestras vidas. Aprendemos a poner y ponernos límites, reconocemos nuestro valor. Somos alumnos así como maestros. Una frase que me gusta mucho de Jorge Luis Borges: “Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad”.
Lo que sucede es la única cosa que podría haber sucedido
Todo lo que sucede en nuestras vidas es tal y como debía de haber sucedido.
Solemos poner nuestra mente en constantes escenarios hipotéticos: “si hubiera hecho esto de otra manera, no hubiera sucedido esto”, “si no hubiera hecho esto, no estaría sintiéndome así”, y al final, lo único que logramos con esto es abrumar nuestra mente y agobiarnos.
Cada decisión que tomamos en determinando momento, fueron las decisiones que necesitamos tomar para aprender lo que necesitábamos aprender. Cada paso era necesario para traernos hacia donde nos encontramos ahora, así sea un momento en el que nos sentimos “desorientados”, porque es en este momento en el que decidimos vernos, decidimos explorarnos, decidimos conocernos, decidimos crearnos.
Cualquier momento en el que algo comienza es el momento correcto.
Todo pasa en el momento exacto en el que debe pasar.
Lo que aparece en nuestra vida, tomémoslo y disfrutémoslo. Es su momento “perfecto”.
¿Alguna vez escuchaste del famoso “timing”? Muchas veces le echamos la culpa al tiempo, a la “mala” sincronización, a que nos suceden cosas pero “no eran el momento adecuado”.
El momento adecuado ES el momento en el que sucede, muchas veces suceden cosas que nos invitan a cambiar el rumbo de nuestra vida, a tomar nuevas decisiones, a salir de nuestra zona de confort y a dar un salto inesperado.
Cuando algo termina, termina.
Necesitamos aprender a cerrar ciclos. Cuando algo cumplió su tiempo en nuestras vidas, es momento de soltar, es momento de decir “adiós”.
Desapegarnos y desaprender es una tarea que requiere de mucho trabajo, de mucha compasión y entendimiento.
Retener emociones, historias sólo generará en nosotros sentimientos de dolor, sufrimiento y terminamos siendo víctimas de nosotros mismos.
Aferrarnos a cosas, a personas, a situaciones no nos llevará a ningún lado, dejemos que las cosas fluyan a su tiempo, a su manera y cuando sea su momento final, déjalo ir.
Cada vez que una puerta se cierra, otra se abre y siempre hay un universo nuevo detrás. ¡Date la oportunidad de experimentar nuevos universos!
¿Cuál de todas estas leyes te resonó más? ¿Estás de acuerdo con todas?